El gorrión Moisés fué hallado un dia pluvioso y frio junto a un charco de agua, era un niño gorrión sin apenas plumas que estaba medio muerto de frio e inmovilizado en una calle peatonal por la que de forma casual pasé, seguramente empujado por sus hados protectores, en el momento en que él se encontraba allí tiritando; no se resistió a que le cogiera, lo alojé con cuidado en mi bolsillo blando de un chaleco polar y lo llevé a casa. Es posible que Moisés, que así le llamé por haber sido salvado de las frias aguas, no tuviera más de quince dias y que su madre o hermanos lo lanzaran del nido porque a esa edad ya debería estar volando y él estaba algo canijo. Pero tenía voluntad de vivir porque al segundo dia ya le dejabamos el alimento al lado y lo engullía. El veterinario vaticinó que necesitaría varios meses para desarrollar todo el plumaje y nos dijo que cuando estuviera completo que le dejásemos la jaula abierta en un balcón o ventana, que tal vez llegaría otro gorrión y se lo llevaría.
Moisés, al que ahora llamamos Mois (porque Moisés es Mois-es), ya tiene en su sexto mes todo el plumaje y vuela con gran destreza por la casa cuando no decide descansar en su jaula donde dispone de su despensa y servicio de restauración con agua, alpiste y chucherias que le gustan. Un servicio de asistencia diaria le garantiza la higiene jaular sin que el pájaro haya hecho protesta en contra alguna hasta la fecha.
No hace mucho, al verle que volaba tan bien hice el experimento de soltarlo desde el balcón un domingo por la mañana, pensando que Mois ya estaba maduro y preparado para vivir en libertad; salió disparado volando al buen rato de abrirle la jaula, intentó pararse en la copa de una palmera pero, pobre Mois, por no haber pasado por la primaria ni el bachillerato gorrionesco, no reconoce las ramas útiles para detenerse porque no ha tenido trato con maestros gorriones que le enseñen el oficio de los passer domesticus, que así se llaman nuestros amigos, así que Mois, se posaba pero se hundia y seguía volando, hasta que desapareció entre los tejados de las casas rumbo a lo desconocido.
A la media hora ví un gorrión en el jardín de abajo que iba algo estresado saltando de un arbol en otro, trataba de posarse en las ramas, pero no conocía las ramas que le sustentan asi que se hundía y salia volando y dando botes de arbol en arbol hasta que se fatigó y coló en un matorral, rapidamente bajé a ese sitio que es frecuentado por gatos, y con gran suerte hallé a Mois exhausto en el suelo, me conocío sin cruzarnos palabra, me mostró su lado más amable y educado ya que me dejó que lo cogiera, algo a lo que en condiciones normales era rebelde, y lo volví a meter en su jaula a que se restaurase del susto y la fatiga, la experiencia de libertad a un pájaro que no domina el vuelo entre los árboles, pudo costarle la vida si un gato hubiera pasado por allí como era costumbre.
Hay que decir en su favor que Mois es un buen compañero de convivencia. Le dejo libre en mi oficina o en mi casa y vuela entre los libros, los muebles, el suelo donde se posa a picotear lo que encuentre, posándose a veces sobre mi cabeza, manos y hombros, a curiosear o a jugar con el pelo. Parecida confianza se toma con mis dos compañeras de trabajo cuando entran en mi escritorio. Ahora Mois está humanizado y cuando le estiro mi mano para que se pose incitándole a ello con silbidos, si no está ocupado comiendo o arreglándose las plumas que son prioridades que le exigen gran atención, me obedece.
Los gorriones son aves audaces, inquietas, asustadizas, pero muy sociables, aprenden los hábitos humanos, les gusta la compañía humana y ellos se hacen de querer para quien bien los conoce. En unos meses tendrá Mois la oportunidad de vivir en libertad, pero le dejaré, conforme a los consejos del veterinario, en el balcón con agua y comida y la puerta del salón abierta, un dia como dijo el veterinario llegará otro gorrión instructor a explicarle lo que le falta sobre el modo gorrionesco de vida, siempre tendrá su espacio en el balcón donde pueda refugiarse el tiempo necesario, en régimen de medio pensionista, sin tener que pagar renta o merced por ello, como conviene a la buena hospitalidad que hay que tener con nuestros hermanos los pájaros.
Si desea vivir en libertad será respetado y si desea continuar viviendo en hábitat humano podrá permanecer el tiempo que desee. En fin Mois es un gorrión buena persona.
sábado, 29 de noviembre de 2008
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